cartas

Friday, September 16, 2005

No me amargan los pepinos




Cuando me sente en aquella silla de fino cáñamo, mi culo se encogió de golpe al notar que algo líquido rezumaba de sus adentros. Seguramente algún comensal de alta alcurnia hubiese querido plasmar su firma, con tan elegante manera que, decidió relajar sus esfínteres hasta inundar el fieltro raído con saña leonina. No supuse ni por un momento en mi vida que ese comedero de patos caliente pudiera empapar tan rápido y expandirse de manera tan fatal.; pero así fue. Y como un tigre con sus huevos pegados al ano, viví aquel episodio que trataré de relatar, con la calma y el sosiego que buenamente pueda tener.
La carta que un camarero me acercaba a pasos de gnomo estreñido hasta la mesa, no estaba confeccionada para lumbreras. No había opción a equivocarse con los cuatro menús de temporada, como tampoco en los precios redondos que al parecer costaba la comanda. En mitad de aquella solitaria hoja de acartonadas arrugas medio mugrientas, sobresalía un soberano manchón de grasa, o al menos eso mismo quería suponer. Si hubiese rascado un poco con la uña de la pierna, seguro que hubiese atravesado aquel vetusto pergamino, pero no hizo falta. Apenas veinte minutos bastaron para averiguar el significado de “Paltu comvinau de la cuasa”. Una delicia a simple vista y, cómo no, de los aromas que venían de la cocina, que por cierto lindaba con los aseos. De estos últimos y con andares de lo más variado, forjaban lo que entre mentes retrasadas podría llamarse “itinerarios de gilipollas”, abriendo y cerrando sin cese aquella puerta descamada que, con permiso o sin él, dejaba salir desaforados e irrespirables aires repodridos. Yo no sabía con seguridad si la gentuza se metía en el restaurante a probar las delicatessen del chef o directamente a cagar. Pero claro, no era normal, para nada, tal aberración. Es más, aquello era un atentado a la vida humana, pues no se podía soportar el hecho de estar comiendo un plato de lo que fuera, mientras un tufo del tamaño de su puta madre aderezaba las viandas con aliño de la casa.
Yo me pedí una pescadilla de ración, de esas que se muerden la colita y en el medio plantan algún relleno ( en algunos restaurantes ponen patatas; en otros menos pudientes descargan algo de zanahoria…Pues en medio del pescado ese me colocaron un cacho de perejil mustio con un guisante. ¡Pero a santo de qué me ponen un guisante!). Pues nada, que me quede mirando a esa melancólica pescadilla, rivalizando entre ambos con la pena en nuestras miradas, mientras la puerta del bater no hacía más que abrirse una y otra vez. Cada vez que intentaba llevarme a la boca un pedazo de aquel pan duro como las piedras, algún energúmeno salía de aliviarse pero bien. Con ese olor, ya me hacía yo una idea de la magnitud del moñigo que debía guarecerse en el fondo de esa pobre cisterna, lijada por cientos de culos peludos, tragando heces siniestras cada día; lo cierto es que no la envidiaba nada.
Me termine como pude las tres cuartas partes del pez y pedí la cuenta con prisa, para salir pitando de ese antro y escapar por la puerta grande. El precio, al menos lo mantuvieron, en eso fueron serios y no como el gobierno. Trate de separarme de la mesa alejandome de ella y, al tocar con los dedos el fondo del asiento, algo se pegó a mis dedos medios ( que concretamente son los más largos, por si hay alguien de Murcia ), dejandome en la más absoluta perplejidad…hasta que comprobe que una colección de mocos espumeantes me había llevado de recuerdo como souvenirs, en forma de llaveritos.
No me atreví a entrar en esa cuadra de servicio, por si en mitad de la incursión pillaba una triquinosis, por lo que le felicité al camarero estrechandole la mano y devolviendole lo que era suyo. Y es que no me gusta quedarme con nada que no es mío.

Pero claro…si las cosas suelen ir parejas, me siento con fuerzas para decir , que tanto me disgusta un festín de mala muerte en tan semejante cuchitril, como soltar una verdad como un piano. Y no es otra que al llegar a mi casa al fin, sacié mi solemne hambre de dinosaurio desesperado con un bote de pepinos del Carrefour. Me puse las botas zampandome un par de ellos o nueve y, ni por lo más remoto me parecieron amargos…por ninguna de sus partes ni extremos. Para que luego hablen de refranes…

cartas

Esperar es segura complacencia,

es saber que cuando llegue lo esperado,

disfrutarás la alegría de aquella espera

y vivirás a plenitud con lo soñado.

Monday, May 23, 2005

No le dije adios

Llegue hasta donde mis pasos se detuvieron, inertes ante el vacío que abrigaba aquel cúmulo de temores, aquel miedo galvanizado; ese frío adherido a las baldosas que tantas almas vio despeñarse, esos gemidos detrás del rocío de unos ojos amargados, esa pena…Envuelto en mi oscuro atuendo me aproximé, lejano de obsequiar sonrisas, regalé roces temerosos y escuetos gestos de tristeza compartida. Y fue entonces cuando a raíz de mis pasos comprendí el significado del eco, el susurro que rasgaba silencios imperturbables, el lamento constante por una vida que se iba. Y conseguí llegar al mismo tiempo que ella, la que todo se lleva consigo, sobresaliendo de la penumbra con el fino hilo de su hoja mortal, reflejándose en la nada y hundiendo sus esquirlas en malheridas entrañas.
Cuando la muerte asoma, el imán equivocado la proclama, deshilachando los extremos del puente que nos aferra a la vida, como sucedía aquella noche. Y mientras reptaba la sombra con un sigilo atroz, los asientos albergaban sollozos vestidos de gente de mirada perdida. Aparecí en mitad de todos ellos, sin que apenas se dieran cuenta de mi presencia. Busqué y encontré un racimo de lágrimas contenidas si razón, que abracé con las fuerzas necesarias para sentir el marchito corazón y su lejano ruido. Me dijo que quería verme; que necesitaba mirarme a los ojos, llevarse la imagen al final del camino. Yo no quería; no podía siquiera imaginar el dolor que llegaría a sentir, pero lo hice. Y con eternas filas de valor reunido pase a la habitación, cerrando la puerta con extremo silencio. A medida que avanzaba veía su cama, sus pies cubiertos por una sábana de hospital, sus piernas inmóviles y su rostro aguardando un semblante de felicidad. Avancé unos pasos y me senté a su lado. Sostuve su mano, la que tantas veces aferré con fuerzas, acariciando su piel aún arraigada a la vida, intentando no llorar. Ella me miraba sin articular palabra, con un mar brillante cubriendo sus pupilas y sus labios entreabiertos e indecisos a lanzar una sola palabra. Me inundaba la tristeza y mirando sus ojos, un sinfín de sentimientos se cruzaron ante nosotros. No dijimos nada, ni tan siquiera un “adios”; pero ella perdió su alma y pasando por mi lado me rozó con ese amor que jamás dejó de dedicarme.
Hubo un tiempo en que todo terminó entre los dos, pero la vida, en su injusticia, nos volvió a juntar para despedirnos por siempre. Fue en ese punto donde comencé a preguntarme…si la fe que debemos tener tiene su base lógica, o por el contrario estamos viviendo inmersos en una mentira de gigantescas proporciones que persiste, a pesar de los siglos. ¿Qué sentido tiene privar de la vida a alguien que nunca hizo mal alguno?.¿Por qué razón han de suceder cosas así, y mientras tanto nos bombardean con la fe en ciertas creencias?. ¿Es posible que aún haya gente que se asombre, al ver que no todo el mundo comparte ciertas teorías?.
Allá cada uno con lo que piensa y en lo que cree. Pero después de ver y vivir tantas cosas sin sentido, me pregunto…¿Qué fe podemos tener cuando solo con mirar a nuestro alrededor, la injusticia diaria reina y la vida de acaba sin más?.
¿Ver para creer?.

Sunday, May 22, 2005

...Qué cosas pasan.

El otro día, creo que era martes, paseaba yo tranquilamente por La Gran Vía madrileña, aprovechando el buen tiempecito. Aquello, como siempre, rebosaba con saña abundancias bípedas de lado a lado y de esquina a esquina. Pero allí me hallaba, cortejando escaparates con miradas amables y prisa escasa, olvidandome de la existencia de ese chisme al que algunos apodan “reloj”. Y es que no hay nada como vivir al margen de la angustia, del asedio en el horario, atosigado por llegar con la lengua fuera, sudando como un pollo y con taquicardias aceleradas. ¡No hay derecho, no!...pero…no nos quedan más huevos que asumir la realidad, por mal que suene.
Pues, señoras y señores…a lo que iba: Y es que las historias de mierdas nunca vienen solas. Si bien me sucedía un episodio escatológico hace poco, este no lo es menos. Porque veamos una cosa…El concepto que tengo yo de la palabra mierda, no es solamente un lugar a donde mandamos a veces a algunos; es una masa, más o menos uniforme, cuya procedencia es obvia e indiscutible y, sus características visibles, y a veces palpables, rondan lo asqueroso. Pero si hablamos de tamaños e intensidades, esta claro que todo esta casi siempre dentro de un orden, ¿verdad?...¡PUES NO!. Porque lo que yo ví allí, apretujado en una calle oscura y poco ventilada, no era otra cosa que un megalítico mojón desmesurado, como si cincuenta individuos dementes hubiesen descargado por sus anos sus miserias de una semana. No daba crédito a mis ojos con lo que estaba presenciando que, en estado plenamente atónito, aferrado al suelo me quedé como un árbol acojonado amarrado con raíces de doce metros. Me hubiera gustado que ustedes viesen qué proporciones, qué cosa tan inhumana, qué asco.
Dirán que no me suceden más que situaciones extrañas, extravagantes…y es cierto pero, ¿qué le voy a hacer yo?. Y lo mejor de todo…Quizá hasta se pregunten por qué escribo estas líneas que con tanto énfasis dedico a semejante plasta rectal; pues bien…No es ningún trauma de la infancia. Tampoco es que solamente relate con detalle estos capítulos, no. Lo que ocurre es que me gustaría ver cómo reaccionan ustedes si de pronto se cuelan en un callejón, y de repente se sienten invadidos por un hedor insultante y una manada de moscas berreando en arameo. A todo esto convendría sumar el desagradable sonido de la mierda resbalando grumos y pegotes medio corroídos, trinchados por inequívocos pelos de culo revenido, hijos interminables del ocre pilón demoníaco que se apoderaba de las aceras sin permiso. Solamente escuchar la aburrida melodía de aquel chapapote, inundaba de agua los ojos con peor ralea que una cebolla rabiosa. Lo que aún me pregunto es…cómo tuve tanto arrojo permaneciendo allí tieso, observando semejante cuadro. Eso…lo contaré en otras líneas.

Wednesday, May 18, 2005

Lo que me pasó el otro día...manda huevos!!!

…Y luego dicen que resbalarse con una mierda trae suerte!!!. Pues la pedazo de leche que me metí en la rue Fuencarral fue sonada. Vamos, que me recorrí media calle rodando con la ñorda pegada a la suela y, con el posterior aroma hediondo que no me abandonaba ni a sol ni a sombra. Y es que la gente es muy guarra. No hace mucho que al intentar cruzar de acera, en el buen sentido, me encontré de morros con un individuo que se estaba aliviando analmente entre dos vehículos; vamos, que estaba cagando una plasta que casi me salpica mi camisa del Carrefour. Como siempre voy con prisas, frené en el aire a pocos centímetros de hundir mi pie entero en esa masa viscosa más conocida como “manchega”; pero me salve por los pelos ( del culo ). Y creo que por la textura del chorizo en cuestión, el del “resbalamiento”, también se trataba de de un “alivie” humano. Algún terráqueo asqueroso decidió repudiar parte de su ser, sin previo aviso. Y ustedes dirán:…¿Cómo es posible que el menda – osea, yo – sepa tanto de mierdas?...Pues señoras y señores, nada de eso. Lo que ocurre es que no hace falta hacer un master en jiñaduras ni una carrera de ciencias diarreicas para descubrir, tras un breve pero intenso examen visual y olfativo, el origen más acertado del regalo yacente. Y vuelvo a preguntar…¿Cómo puñetas existe gente tan sumamente impresentable?...
Bueno, pues a raíz de la castaña que me metí, que dicho sea de paso me llevé por delante a una anciana octogenaria, armada con un bastón muy duro ( puedo asegurarlo ), doblaba yo la esquina de esa misma calle, cuando intentaba huír de las risotadas y choteos de todo el mundo y , me arreé un golpetazo en la rodilla con uno de esos palos de metal que coloca el ayuntamiento donde le sale de los cojones. Y es que ya le hacen a uno hablar mal, pero así es. Porque unos palitos que impidan que los coches se suban a los bordillos, tiene un pase; pero plantar uno en mitad de una acera, ya me dirán ustedes para que coño sirve eso. Ni que fuera a crecer y empezase a dar higos o chirimoyas. Pues allí estaba, pero yo no lo ví; con lo cual me pegue el leñazo del siglo que me dejé la pierna mirando pa’Cuenca.
Una vez recuperado del accidente, al cabo de los tres cuartos de hora, encorvado y sumido en un estado de rabia puntiaguda, procuraba no cojear demasiado de camino al mercado. No suelo comprar nada por esa zona, pero me venía bien y quise aprovechar. Así que bajé las escaleras, con más cuidado que nunca, y me puse en la cola de la verdulería, llena de señoras de edades comprendidas entre los setenta y setenta y dos años ( mirado a ojo ). Había una que no hacía más que empujar, la muy jeta, colándose de mala manera, hasta que se coló. Y claro, cualquiera la decía nada con la cara de perro amargado que llevaba. Y por supuesto yo no estaba para muchas historias, con el dolor de pierna y espalda por ambas caídas. La tía no sabía hacer otra cosa que despotricar y bramar estupideces, eso sí, soltando unos pollos y espumarajos verdes cuando se volvía, que me estaba poniendo tibio. Menos mal que solamente tardó cuarenta minutos en comprar dos cebollas. Y ya por fin me tocaba a mí, cuando una maruja dejó caer de golpe su carro en mi pie derecho. Fue entonces cuando vi nueve estrellas y media dando vueltas a mi pelota.
- Uy, perdone usted, ha sido sin querer – Me dijo la tía pedorra…Claro que fue
sin querer…sin quererlo yo!!!. El tema es que me dejó el queso aplastado como un sello del tío Paco, con fuertes problemas de movilidad. Así que si vamos recapitulando, ya llevaba la espalda jodida por el trompazo, la rodilla deshecha por el palo de los huevos y el pie hecho un higo por la vieja de los cojones… Resultado: Una mañana maravillosa.
Por eso, en cuando pude escapar de allí, agarré el coche y me fui a mi casa; me
metí en la cama y no salí hasta el día siguiente. Pero claro, como no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro, cuando desperté, me encontraba en el móvil varias llamadas perdidas de una chica que me vuelve loco y quería meneíto. Y al no contestarle, se cansó de insistir.
Me quedé sin meneo, con cardenales por todas partes y el pie aún me duele. Y
todo eso…a raíz de pisar una mierda, que supuestamente da suerte.
Como coja al pedazo de mamón que se sacó de la manga semejante gilipollez, recolecto todas las cagadas de mi calle y se las cuelo por la boca una por una…para darle sabor al día.
La de cretinos anormales que hay sueltos por la vida, hay que joderse!!!.

Saturday, February 05, 2005

Aventura en Ikea

Bueno, vamos a ver una cosa...Esto no es normal!!!...Bajo ningún punto de vista!!!. Y ya no me refiero a salir de compras un sábado por la mañana, bien pronto, cuando uno piensa que no va a encontrar gente por ninguna parte. Vale, pues la situación es la siguiente: Llego a la zona de Ikea y me cuelo en Media markt, para curiosear. Claro que casi siempre que voy con esa idea, me compro algo. Soy de bolsillo flojo, qué le vamos a hacer. El tema es que paso y ya estaba lleno. No entiendo cómo es posible que me de media vuelta y de pronto haya más gente que otra cosa. Así que me metí en el ascensor; ese que va de un piso a otro. No, no me dolía ningún pie, ni estaba cansado siquiera pero...en qué hora lo hice!!!. Porque el ascensor ese asqueroso se para a la mitad. Ya no solo es el cachondeo de la gente, choteandose de los que ibamos dentro, que éramos como seis, para colmo. Yo no sabía que ese trasto tuviera tanta capacidad pero bueno. Seis vagos que nos quedamos enclaustrados. Y todo por no subir cuatro escalones, manda huevos!!! ( con perdón ). Y mientras llegaban los operarios ( que no llegaban ), me veo allí, soportando el sobaco de uno que cantaba operetas ya desde tan temprano. Pero qué gente más guarra!!...De dónde sale esa gente que no se lava por las mañanas??. Pues no, algunos no deben saber lo que es el agua. Y no olía poco,no...era una peste que tiraba de espaldas. Y por más que me colocaba de distinta manera, miraba para otro lado pero ese hedor me estaba mareando ya. Una señora parecía que se estaba poniendo mala, era muy mayor. Y en menos de dos minutos, los otros cinco del ascensor empezaron a formar un griterío que mi cabeza daba vueltas. La señora en cuestión, que los ochenta ya no los cumplía ( y digo yo...que narices hace una anciana a las diez de la mañana en Media Markt)...pues claro, va y entre el susto, el ahogo y el mal rato, se marea del todo y se cae al suelo. Menudo plan, parecía una película de Ozores. Bueno, pues sigo: La señora se cae, todos con un miedo por si le da un colapso o algo, y el remolino de gente que se forma abajo, era ya de dimensiones espeluznantes. Y los seis encerrados en el ascensor. La señora, al perder el conocimiento, se orina encima. Ya lo que faltaba, claro. Pues no,,,quedaba lo otro, que no se si fue ella o quien pero, o por susto o por mala leche, alguno se tiró un cacho pedo que no sonó, pero el olor mataba. Una auténtica peste repulsiva no dejaba ni ver al que tenía al lado. Así que bueno, el Manolo ese con sus sobacos rezumando gases, la viejecilla en el suelo y el anónimo que arqueó el ano y se despachó pero bien. Yo me quedé agarrado al posamanos, como un pájaro acojonado, con los ojos llorosos por los gases y respirando con la boca, pero aún así el entorno no favorecía la supervivencia. De pronto alguien dijo...¡Ayudenme a levantarla!...¡Que ya recobra el conocimiento!...Pero la señora se había vuelto a mear o yo que se, pero el suelo chapoteaba, así como lo cuento. Chapoteaba! Y mis zapatos de ante marrón estaban calados y apestando a orines, pero eso es lo que menos me importaba, pobre mujer...encima de lo mal que lo debía estar pasando. Cuando parecía que la cosa se despejaba y entre el barullo que teníamos montado en aquel ascensor...PAF!!...otro pedo!, pero este ya con sonido estéreo. Quien quiera que fuese ya le daba igual tirarselo con caldo que silencioso. Ni qué decir tiene que yo sabía que no era yo, así que miré con cara asesina a los otros, pero ellos, incluso el culpable, hacían los mismo, así que aquello era un cruce de miradas compulsiva. Y los de abajo cada vez eran más. Nadie estaba mirando las ofertas de música, ni de dvd's. Por cierto, había una lavadora muy bien de precio. En esto que llegan, al cabo de los siete siglos de espera, unos seguratas, que se cuelgan como monos, no se para qué, de una compuerta que no se abría. Me remangué, me puse los pantalones pesqueros, pero el sofoco era inmenso. En esto que el ascensor se empieza a bambolear de un lado a otro.Solo faltaba que nos hubieramos caído de golpe. La señora vuelve a sufrir un vaído, el cerdo vuelve a peerse, pero no...no era un cerdo!!! era la misma señora!!!...que no se que demonios habría desayunado pero aquello era inhumano. Por fin se abren las puertas y todos salimos como una estampida de vacas en celo, incluída la señora que milagrosamente recobró la vida y salió la primera.
Así que nada más salir, puse una reclamación y me fuí a Ikea, que era donde tenía que haber entrado al principio. Y allí claro...el mareo total!!!...Porque parece que esta hecho de manera que te recorras todo el antro de arriba a abajo, con los mapas confundidos solo para joder. Encima de lo incómodo que iba con los calcetines mojados del caldillo de la señora, venga con más vueltas de un lado a otro, viendo camas, armarios, lamparitas espantosas...Un caos total!. Así que de Ikea ví bastante poco, pero me tiré allí como un cretino mental más de quince minutos, buscando la salida, cada vez con más cabreo. Así que yo allí no vuelvo a entrar, ni al otro sitio tampoco.
Y así he comenzado la mañana de hoy sábado. Ya son las doce y media y no he hecho nada de nada. Estoy que trino!.

Friday, February 04, 2005

Basta ya!!

Quizá la palabra tregua no tenga significado alguno para muchos. Quizá tengamos que obligar a usar más el diccionario a unos cuantos. Pero si lo hacemos, habrá de ser rápido y, evitar vivir a expensas de unas mentes enfermas aterrorizando nuestras vidas.
Ya tenemos bastante con nuestros problemas, en mayor o menor escala, sosteniendo estas vidas que nos ha tocado a cada uno y que en un momento dado, terrible paso sin duda, pueda interrumpirse por un grupo de cobardes que no saben de humanidad.
Treguas rotas, promesas incumplidas, honor inexistente, palabras sin valor. Durante décadas, el terror se ha paseado a capricho por las calles, inundando de miedo y tragedia a seres humanos sin culpa. Objetivos humanos prefijados o meramente fortuitos, que en unos segundos el tiempo se ha detenido en ellos para mostrarles la espantosa realidad del terrorismo.
A pesar de esas pobres esperazas que en el fondo creíamos a medias, este país vuelve a temblar de injusticia, a sentir el miedo, el pánico a salir a la calle, a entrar en unos grandes almacenes, a pasear frente a un edificio público o subirse a un vagón de tren. En cualquier momento, nuestra existencia y en consecuencia la de los nuestros, puede convertirse en lo que más miedo nos da. Por desgracia, las soluciones para muchos no son tan sencillas y dejan que el tiempo tome cartas en el asunto.
Aún hoy, no sabemos qué nos regalará el destino. Desconocemos si habrá un mañana, si podremos seguir nuestro camino del día a día, en un intento de ser felices, o quizá nos toque llorar en mitad de la impotencia y el rencor.
Nunca he deseado la muerte a nadie. Pienso que es un final demasiado cruel para un ser humano. Pero si desear tal final a un terrorista esta penado en el cielo, yo no tengo perdón de Dios. Pues tan solo la meta de la muerte es donde quisiera ver a esos que con saña enferma defienden sus ideales remojados en sangre inocente.
Quizá si algún día esto acaba, muchos puedan volver a sonreír.

Thursday, February 03, 2005

Hay que fastidiarse!!

Desde luego, lo que no me pase a mí, a muy pocos les sucede. Y es que no es normal lo que voy a relatar a continuación. Pero no quisiera comenzar sin pedir disculpas por anticipado, ya que vuelvo a salirme de esa línea que separa la literatura romántica del culto a la escatología. Por eso...perdon!!!.
Pero es que no entiendo cómo puede ser que haya gente tan guarra por el mundo. Sobre todo en plena calle, cuando iba yo tranquilamente disfrutando del paisaje que ofrece mi querido Madrid, deambulando por las calles Santa Teresa, Orellana, Argensola...lugares muy céntricos y emblemáticos de la urbe. Y allí estaba un servidor, sin prisas de ninguna clase, con eterna parsimonia en mis elegantes andares ( por supuesto!! ). Y de golpe divise una tienda con generoso escaparate de interés nacional por lo que, sin pensarlo seis veces quise atravesar la calle. Me aproximé a la fila de coches para cruzar a la otra acera por un hueco pero...¡Había un tío cagando allí!. Para colmo me lo encontré de espaldas, mientras soltaba esa inmunda masa, esa pasta manchega con surtido de moscas cojoneras que casi me muerden los bajos de los pantalones. No quise mirar más de lo justo, pero el asombro me penetró en el alma ( en el buen sentido, no me sean guarros ) y, petrificado me quedé, como admirando una obra divina. Y sí, el menda estaba obrando, a base de bien, pero no un Goya, precisamente. El caldo que rezumaba bajo aquella plasta formaba una acequia que inundaba la acera y, casi me salpica como sopa de puerros revenidos los atavíos.
Así que cuando recobre el sentido ( eso fue ya al término del suplicio ), el nota se limpiaba el mismo ano con unas cuantas multas, choradas de ciertos parabrisas ( lo que no se es si las devolvió finalmente a su lugar de origen ), porque ya no me quedé a que terminara la opereta. Bastante tuve con soportar el hedor que se me quedó impregnado en mi ropa durante días. En fin...repulsivo.
Casualmente pase por allí al día siguiente y, seguía pletórica tan magna defecación, en el mismo lugar donde fue depositada. No es que sea un reclamo turístico para los guiris, pero desde luego esta visto que tampoco lo es para los servicios de impieza. Allí continúa, desamparada, al desabrigo de los elementos, desatendida y sola. Qué solas se quedan las mierdas!!. Algo tan de uno, tan íntimo y personal...
Y eso es lo que pasó. Lo cierto es que no hoy no he pasado por allí pero, quizá la plastilla siga ubicada en aquella zona...hasta que alguien decida retirarla.